La cara y la cruz de nuestros humedales

Tras una reciente salida de campo, el equipo de Humedales Giennenses volvió a recorrer algunos de los enclaves más representativos de la provincia con una sensación poco habitual en los últimos años: la sorpresa positiva.

 

La visita a la Laguna de Garcíez dejó una imagen difícil de recordar para quienes llevan décadas observando su evolución. La cubeta presentaba una notable lámina de agua, amplia y continua, evocando periodos más favorables que parecían ya parte del pasado. La abundancia hídrica no solo transformaba el paisaje, sino que devolvía al humedal parte de su funcionalidad ecológica, generando expectativas prudentes entre los observadores.

 

La situación no era aislada. Otros enclaves mostraban también un estado esperanzador, como la Laguna de Tobaruela o la Laguna del Ardal (Linares), donde la presencia de agua permitía recuperar una intensa actividad biológica. En estos días, la vida no solo se manifiesta en la avifauna asociada, sino en el complejo equilibrio de organismos que habitan el agua (plancton) y el sedimento (bentos). Tras años marcados por la irregularidad climática, estas imágenes parecían indicar la recuperación natural de algunos de nuestros sistemas lagunares.

 

Sin embargo, la percepción cambió radicalmente en una visita posterior a la Laguna Grande (Baeza). Allí, el equipo constató una realidad muy distinta: el humedal se encontraba completamente seco.

 

Esta situación ya había sido advertida por algunos lectores, cuyas observaciones trasladaban preocupación ante una evolución difícil de comprender. Más aún cuando, al consultar los registros de la estación meteorológica más cercana (C.R. La Laguna–Baeza), integrada en el proyecto suremet.es, los datos reflejaban que en el actual año hidrológico (iniciado el 1 de septiembre de 2025) se habían acumulado 516,1 mm de precipitación en el entorno del humedal a fecha de publicación.

 

Este contraste entre las precipitaciones registradas y el estado real de la laguna plantea interrogantes inevitables sobre las dinámicas que afectan a estos espacios. Este caso particular resulta especialmente preocupante al tratarse de un enclave incluido dentro del marco de la Convención Ramsar. Sin embargo, este caso, lamentablemente, no es único ya que situaciones similares de desconexión entre lluvia y encharcamiento se han puesto de manifiesto en otros humedales como la Laguna de la Rábita (Alcalá la Real).

 

La realidad observada invita, al menos, a una reflexión serena. Mientras algunos humedales muestran signos de recuperación cuando las condiciones acompañan, otros continúan evidenciando una fragilidad que no siempre puede atribuirse únicamente a la climatología. Entre la imagen esperanzadora de unas lagunas rebosantes y la desolación de otras completamente secas, se dibuja una dualidad que obliga a mirar más allá del paisaje y preguntarse si nuestros humedales reciben realmente la atención que su valor ecológico exige.

 

Todas las fotografías y vídeos realizados con dron han sido captados por personal debidamente autorizado por AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea), en espacios donde el vuelo está permitido. Cada operación ha sido previamente consultada y validada en ENAIRE, gestor de navegación aérea de España, en la fecha del vuelo. En aquellos lugares donde ha sido necesario, se han obtenido los permisos correspondientes de los organismos competentes.
Queda estrictamente prohibida la reproducción, distribución o utilización de las imágenes y vídeos sin la autorización previa y expresa del autor. Más información.

Compartir
Scroll al inicio
Humedales Giennenses
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.